El 26 por ciento de las mujeres que residen en los municipios de menos de 20.000 habitantes de la provincia asegura que no puede vestir como quiera sin sufrir alguna crítica por el hecho de ser fémina, el 12 por ciento que no puede ir al bar sola y el 16 por ciento que no puede practicar deportes que se consideran masculinos, según una investigación sobre la igualdad de oportunidades de la mujer rural realizado por la Universidad de Valladolid por encargo de la Diputación, cuyas principales conclusiones fueron presentadas ayer.
El estudio, que ha incluido encuestas presenciales con 835 mujeres de las 68.103 mayores de 16 años que viven en pueblos de mediano y pequeño tamaño y varias mesas de discusión mixtas, constata que sigue habiendo discriminación en función del sexo. Así, el 24% de las encuestadas afirma haber tenido diferencia de oportunidades respecto a sus hermanos varones, el 80% haber vivido diferencias en las responsabilidades domésticas y el 52% en los temas económicos.
Además, las tareas domésticas continúan siendo realizadas básicamente por mujeres, la mayoría de las cuales sigue pensando que es su responsabilidad.
Por lo que respecta a la vida en el pueblo, se señala que en los cambios de residencia se antepone la causa del trabajo de la pareja al interés de la propia mujer, que en la reelección de domicilio éstas se decantan por el medio urbano, el pueblo es la mejor opción de vida cuando la renta se sitúa por debajo de los 900 euros, las mujeres con familias intergeneracionales y dependientes no pueden tener una jornada de trabajo a tiempo completo, las féminas que llegan a un pueblo tienen un efecto dinamizador para la vida rural y su tiempo de ocio se concentra en las relaciones sociales.
En cuanto al empleo, la investigación desvela que más del 60 por ciento de las mujeres casadas del mundo rural no trabaja, aunque hay grandes diferencias en función de la edad y la formación académica. En la mayor parte de los casos, la principal fuente de ingresos es la pareja o marido y la actividad femenina es «complementaria y simultánea con el trabajo reproductivo», además de ser sobre las que recae el peso de la conciliación familiar y laboral.
Asimismo, señala que el comercio y la hostelería son los sectores donde hay más féminas ocupadas, que están abocadas a trabajar en localidades diferentes a su lugar de residencia y que la estabilidad laboral no se consigue antes de los 36 años.
Por lo que respecta a la participación y la vida social de las mujeres en la provincia, el estudio recoge que el 64,7% no pertenece a ninguna asociación, el 48,7% utiliza los centros de cultura y sólo un 11,7% usa los centros de ocio y un 2,4% los talleres ocupacionales. Otro dato significativo es que un 60,9% cree que no hay un servicio adecuado para atender a los niños.
Por último, en cuanto a la violencia doméstica, la investigación señala que no supera los umbrales del cinco por ciento.