Al margen del ejercicio de la profesión periodística que Delibes ejerció y con la que estuvo siempre vinculado, los periodistas de una manera espontánea, por inclinación profesional hacía el decir y el tener que escribir, hicieron de la lengua del escritor un ejemplo, e incluso hay un premio que lleva el nombre del escritor y con el que se distingue el género literario - si es que lo es - como el artículo periodístico.
Los artículos de periódico o revista literarios son cada vez más escasos en nuestra prensa, y podríamos decir, que han decrecido a medida que ha aumentado el columnismo, que es periodismo político.
Pero yo pienso que éstos son meros accidentes o estancias de las relaciones de Delibes con el periodismo, y que lo que ha ocurrido es que, una vez fascinados por la sencillez de la prosa delibiana, el periodista-periodista, que es el formulador de las noticias como tales que se rigen por el régimen del «qué, el quien, el donde, y el cuando», y rara vez el por qué, porque un periodista no hace juicios no silogismos siquiera sobre lo que noticia. Y esta especie de periodista-periodista es la que ha querido también como espejo el lenguaje delibiano, y desde luego sin ninguna clase de pretensión literaria, sino porque la sencillez y la claridad fueron siempre una excelente gramática con la que es difícil mentir, y precisamente el nacimiento de la retórica periodística barroca y luego de lo políticamente correcto se da para ocultar lo que no debe saberse o para torcer la realidad.
Y así las cosas, en esta tierra sobre todo, pero no solamente en ella, los periodistas, en esta hora de la muerte de Miguel Delibes, se sienten muy agradecidos, y sin duda no olvidarán la sencillez y simplicidad de una lengua que les ha mostrado el modo de decir el nombre de las cosas y poner luego una cosa detrás de otra. Aunque no se sea capaz de hacerlo con la excelencia que en Delibes se ha admirado, es algo que seguirá siendo imprescindible.