Desde tiempos inmemoriales, casi al tiempo que aprendíamos las tablas de multiplicar, nos enseñaron que realidad y ficción son antónimos. Pero con el tiempo y una intoxicación televisiva suficiente, ¿sería posible mezclar ambos conceptos y, además, triunfar con esa amalgama?
TVE no tuvo habilidad para aplicar el cuento. Las tv-movies que recrean realidades desde la ficción -o sea, actores y giros argumentales irreales pero necesarios para dotar de cuerpo al guión- tuvieron poco de calidad y mucho de polémica. Con Fago y El Caso Wanninkhof hubo más de desprestigio que de homenaje o recuerdo.
Pero Antena 3 ha logrado depurar esa mezcla. Convertirla en algo no solo creíble, sino triunfal. No pretendo juzgar la calidad del producto o su veracidad, sino el cuidado en su promoción. Con Yo soy El Solitario, la tres consiguió tumbar a Cuéntame. Con 48 horas (el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco) superó los dos millones y medio de afines...
El caso más evidente del triunfo de esta fórmula fue no obstante 20-N. Los últimos días de Franco. La competencia: otra vez Cuéntame y el Sin tetas no hay paraíso de Telecinco. La tv-movie obtuvo casi el 20 por ciento de cuota de pantalla.
Esa buena proporción a la hora de combinar ficción y realidad ha animado a la cadena de Antena 3. Nos esperan entregas sobre el 23-F, la vida de Marisol y Una bala para el rey, que narra cómo tres terroristas de ETA estuvieron a punto de atentar en el 95 contra Juan Carlos I. Llámenme iluso, pero reconforta saber que, en plena crisis educacional, al menos haya pequeños pedacitos de nuestra historia exhibiéndose en la pequeña pantalla.