El Día de Valladolid
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jueves, 09 de febrero de 2012
Opinión
La Rinconada

Toros para ricos

Alberto de jesús - jueves, 09 de septiembre de 2010

Mucha moción, mucho apoyo a la tradición, "Valladolid, ciudad taurina" con letras en oro y grana, pero con la afición a los toros está acabando el propio "taurinismo". Comenzando por la inacción del empresario de la plaza de Valladolid que sitúa en el más estricto elitismo el precio de los billetes para asistir a los festejos. No en vano el asiento más barato, a pleno sol, no baja de los quince euros y en grada alta. Tiren de tabla, el precio medio entre los cuarenta y cincuenta euros para mirar al cielo y pedir ver toros y ver toreros. ¡Va a ser mucho pedir! Hasta para los que van sobrados. La avaricia rompe el saco, o deja la plaza desierta, sin ambiente, sin calor. No digo que el empresario tenga que ser una ONG, pero debería "cultivar" al cliente y tener en cuenta que a mejor precio, más taquilla. Impepinable.

Dos horas de auténtico frenesí, puede pensar el más aficionado, que se aleja de muchas economías domésticas y por lo que se ve también empresariales que ya descartan invitar a sus clientes a semejantes fastos. Pero lo triste es que la fiesta se aleja cada vez más, y sin remisión, de los jóvenes. Espectáculo, más o menos criticado, criticable o cruento que se convierte en prohibitivo para un chaval que con una paga, propina o "sueldo mileurista" tiene que hacer frente a otro tipo de gastos.

El razonamiento no es baladí. Si no se produce la regeneración en el público, la fiesta tenderá a desaparecer. Por muy pesado que se ponga el alcalde o reme en sentido contrario. Y no porque en Cataluña se rebelen contra la esencia del estereotipo de España, que junto a la bailarina gitana también ceden posiciones en el frontal del televisor, sino porque siguiendo el dicho popular, no se ama lo que no se conoce. Y también porque tanto dentro como "sobre", del televisor, los toros brillan cada vez más, por su ausencia. El minimalismo en el salón es lo que tiene, que borra todos los signos del folklore tradicional. Por los toros habrá en breve más y más desprecio. Será inevitable, porque otro de los pilares, los pueblos, pierden los habitantes que estaban acostumbrados a programar los encierros.

En unos años veremos más partydance, de tecno y "baca-house", más fiestas cerveceras en los cosos, y veremos menos capotes. Como en las barracas de la feria, donde el tiro con carabina cede espacio paso al chiringuito de mojito y caipiriña. ¡Una pena! ¿De qué sirve el título de Valladolid como la primera ciudad taurina de España? Es la puntilla, quizá, a unos festejos agonizantes. Como hoy dice más de uno: «Dime de qué presumes… y te diré de qué careces».

Sirvan estas líneas de reflexión para poner medidas que frenen la pérdida de afición en el mundo del toro. Creo que hay tiempo para introducir a las nuevas generaciones en lo que para muchos es un arte, para otros una economía, para todos una tradición que ahonda en las raíces de un pueblo, nos guste o no. Recuerden, y no se me molesten, que sin espectáculo no habría toros. Bueno, quizá alguno en un zoo.

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