Cuando la actriz vallisoletana Concha Velasco va cumpliendo años y sigue firme y constante levantando el telón de los más prestigiosos teatros, más le crecen los admiradores y amigos. Ella cuida los mismos no solamente con su trabajo escénico bien hecho sino también con la filosofía de los clásicos, como afirmara Cicerón: «Vivir sin amigos no es vivir».
Desde hace años, Valladolid viene distinguiendo, junto a toda España, la labor escénica de aquella "muchachita de Valladolid", conocidísima en cine y teatro como Conchita Velasco. Años después, en plena madurez artística, como Doña Concha Velasco. Yo mismo, firmé un artículo titulado "De Conchita a Doña Concha" (El Norte de Castilla 22-11-1990). Hoy, la reconozco, una vez más, como Excelentísima Señora Doña Concha Velasco Varona. Es decir, dándole el trato de excelencia. Bien avalado no solamente por su excelente trabajo sino también por las distintas ocasiones que su Majestad el Rey le ha distinguido previa propuesta y deliberación del Consejo de Ministros.
Pletórica de luces, llega nuevamente a la ciudad que le vio nacer... y el Teatro Calderón levanta el telón... Y la Excelentísima Señora Velasco se transforma metiéndose en la piel de madame Rosa, con Rubén de Eguia -el Momo-, Carles Canut -en Doctor Katz- y José Luis Fernández -en Youssef Kadir-, para poner en escena "La vida por delante", obra del escritor y diplomático francés Romain Gary (Émile Ajar). Novela que ganó el premio Goncourt en 1975 y en cine consiguió un Oscar en 1977.
Nos encontramos con un drama lleno de ternura. Es la vida misma puesta en el escenario. Es la respuesta a tanta interrogante de un joven que despierta a la vida y el arcón cerrado a cal y canto de una ex prostituta judía que sabe de sufrimiento y de la persecución como nadie, que en el lenguaje de sus sarmentosas manos de amasar tragedias acusa el dolor de la vida y sus ojos siguen chispeantes luciendo luminarias de juventud y esperanza.
Son dos vidas que se encuentran en el mismo cauce del vivir, mientras una fontana va secando su manantial, la otra fluye con caudaloso caudal. Una se apaga lentamente cansada de luchar y la otra agudiza su vivir, su rabia por tanta respuesta esperada: «Es la vida, madame Rosa, solo es la vida».