El odio al extranjero se está convirtiendo en argumento político en Europa. A las deportaciones de gitanos rumanos ordenadas por el presidente francés, Nicolas Sarkozy, se suma ahora la tendencia antiinmigración que se vive en Alemania. Casi uno de cada cinco de sus ciudadanos votaría a un partido liderado por el consejero del Bundesbank Thilo Sarrazin, cuyos compañeros de gremio exigen su cese por sus tesis de tinte xenófobo y sus críticas desmedidas a las personas de origen musulmán.
El dominical Bild am Sonntag publicó ayer una encuesta del instituto demoscópico Emnid en la que un 18 por ciento de los consultados afirma respaldar una iniciativa así, sobre todo votantes de la Unión Cristianodemócrata de la canciller, Angela Merkel, aunque también de la socialdemocracia y la formación La Izquierda.
Además, revela que un 48 por ciento de los germanos comparte con Sarrazin la tesis de que la inmigración ha tenido más costes que beneficios, frente a un 36 por ciento que lo niega.
Más apoyo todavía -un 64 por ciento de los encuestado- tiene la exigencia del polémico político y antiguo senador de Finanzas de Berlín de que se recorten las prestaciones sociales a aquellos extranjeros con una deficiente voluntad de integración.
Sin embargo, un 61 por ciento no comulga con la afirmación de Sarrazin, que podría ser expulsado también del Partido Socialdemócrata, de que una inmigración descontrolada acabe convirtiendo a Alemania en un país «más tonto». En declaraciones al mismo dominical, Merkel reiteró sus críticas al autor del libro Alemania se descompone y se sumó al debate abierto por el polémico miembro aun de la ejecutiva del Bundesbank. «No deberíamos hablar tanto sobre el señor Sarrazin, sino sobre el gran tema de la integración. Él no aporta nada a la solución del problema, es más, la dificulta. Cae en prejuicios estereotipados, divide a la sociedad y convierte en despreciable a todo un grupo de la población», afirmó la canciller.
Asimismo, acusó a la coalición socialdemócrata-verde, que gobernó la nación antes de su llegada al poder, de haber mantenido una política de integración lejana de la realidad: «Precisamente en los tiempos rojiverdes se fomentó el sueño multicultural y se exigió demasiado poco de los inmigrantes. Mi Gabinete ha cambiado eso y ha asumido una postura más cercana a la realidad».
De la misma manera, anunció una actuación consecuente contra quienes rechacen la integración al exigir que «nuestras instituciones realicen un mayor control. Existen sanciones y deben ser efectivas. La severidad es importante».
MARCHA PRONAZI. La encuesta de Bild am Sonntag se publicó el mismo fin de semana en el que unas 15.000 personas marcharon de forma pacífica en protesta contra una concentración de unos 500 ultraderechistas y neonazis en la ciudad de Dortmund, que solo registró incidentes aislados, pero que es un síntoma de la tensión racial que vive el país.
Alemania recibió entre 1962 y 1974, en pleno milagro económico, 8,8 millones de trabajadores extranjeros, de los que 5,2 millones retornaron a sus países de origen -fundamentalmente italianos, españoles y griegos-, mientras 3,3 millones permanecen en el país, en su mayoría de origen turco.