El cubano Raúl Castro (i) y el venezolano Hugo Chávez apoyan a Zelaya en la reunión del SICA en Managua.
Con el respaldo unánime de la comunidad internacional, el depuesto presidente de Honduras, Manuel Zelaya, tiene la intención de recuperar el poder y, para ello, anunció que mañana regresará a su país, de donde fue expulsado por el Ejército en un golpe de Estado después de que convocara una consulta popular para reformar la Constitución.
Pero no será recibido con los brazos abiertos. Ayer, el nuevo ministro hondureño de Exteriores, Enrique Ortez, afirmó que Zelaya no podrá entrar en el país, aunque sí lo hará el secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), José Miguel Insulza, quien acompañará al depuesto mandatario. Con anterioridad, el nuevo presidente de la nación, Roberto Micheletti, había declarado a una emisora colombiana que si su predecesor vuelve, los tribunales de justicia «tienen una orden de captura contra él».
Zelaya fue expulsado de Honduras por los militares el pasado domingo y destituido horas después en el Congreso, que designó en su lugar a Micheletti.
El depuesto presidente anunció que volverá a Tegucigalpa procedente de Estados Unidos, donde participó ayer en una sesión del Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York y otra de la OEA en Washington, y pidió a Insulza y a los presidentes de la región que quieran que le acompañen. En la comitiva también estará la presidenta argentina, Cristina Fernández.
«Que vengan todos, se les va a tratar bien porque a un presidente se le respeta, pero un hondureño que ha sido desalojado del poder tiene que someterse a las leyes de su país», declaró Enrique Ortez, que fue designado canciller el pasado domingo por el nuevo jefe del Gobierno.