Familiares de los pasajeros del avión siniestrado acudieron al aeropuerto Charles de Gaulle de París.
Las catástrofes son habitualmente los escenarios más proclives para los milagros laicos. Ayer, en medio del dolor por un nuevo accidente aéreo se produjo uno de esos golpes de fortuna cuando una niña de 14 años fue rescatada con vida de los restos de un avión que cayó al océano Índico con 153 personas a bordo, cuando unía la capital de Yemen, Saná, con la de las Islas Comoras, Moroni.
Según confirmó el vicepresidente de la Aviación Civil del país árabe, Mohamed Abdelrahman Abdelqader, la pequeña, cuya nacionalidad y estado de salud se desconocen, fue trasladada a un hospital de Moroni.
El aparato, un Airbus 310-300 de la compañía Air Yemenia con código de vuelo IY-626, partió de Saná, adonde había llegado procedente de París. Cuando se encontraba a solo 30 minutos de su destino, la nave perdió el contacto con la torre de control y se precipitó al mar.
Se desconoce, de momento, qué provocó el accidente, aunque el funcionario de aviación yemení explicó que «las condiciones meteorológicas eran pésimas». De hecho, Abdelqader manifestó que un equipo de expertos desplazado a Islas Comoras sufrieron «grandes dificultades para aterrizar» a causa del mal tiempo.
De las 153 personas que viajaban a bordo de la aeronave, 11 eran miembros de la tripulación: seis yemeníes -el piloto, el copiloto, un técnico y tres azafatas-, dos marroquíes, un filipino, un etíope y un indonesio. Además, había 54 ciudadanos de nacionalidad comorense, 26 franceses, un palestino y un canadiense.
Sin embargo, el ministro galo de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, aseguró que eran 66 los pasajeros de su país que viajaban en el aparato.
Abdelqader declaró que ya se han recuperado tres cadáveres y que se ha formado un equipo de investigación con personal francés, yemení y comorense.
Por otro lado, el secretario de Estado de Transportes de París, Dominique Bussereau, indicó que la Dirección General de Aviación Civil gala (DGAC) había constatado «cierto número de defectos» en el avión siniestrado.
Sin embargo, el titular de Transportes yemení, Khaled al Wazir, precisó a Al Yazira que «en 2007 solo se detectaron desperfectos interiores en la nave, como en los asientos, por lo que el aparato no tenía ningún problema».
posibles defectos. También señaló que en mayo pasado el aparato fue sometido a un examen exhaustivo en el que no se detectó ninguna irregularidad. Al Wazir añadió que el aeropuerto de Saná aplica «estrictas medidas a todos los aviones que aterrizan allí».
Por su parte, Abdelqader coincidió en que el avión fue sometido a una revisión total el 2 de mayo pasado en la capital yemení y que en 2007 inspectores europeos detectaron defectos en los equipos de mantenimiento, que no afectan a la navegabilidad de la aeronave por lo que se le permitió volar. Negó que el piloto se hubiera salvado de la tragedia, tal y como habían publicado algunos medios de comunicación.
La compañía árabe explotaba el avión desde octubre de 1999, según un comunicado difundido por Airbus, en el que el constructor aeronáutico europeo precisa que el aparato salió de la cadena de producción en 1990. Contaba con 51.900 horas de vuelo en 17.300 trayectos.
El accidente ocurre casi un mes después de que otro Airbus, un A-330 de Air France con 228 ocupantes, cayera al Atlántico cuando volaba de Río de Janeiro a París.
Desde 1990 se han registrado al menos 20 siniestros graves con aviones de dicha firma en el mundo y en cinco de ellos la cifra de muertos superó los 200. El más trágico ocurrió en 1994 cuando 264 personas fallecieron al estrellarse un A300-600R de la compañía taiwanesa China Airlines en el aeropuerto de Nagoya (Japón).