Barack Obama permanece enclaustrado en su domicilio de Chicago perfilando el equipo que dirigirá el rumbo del país los próximos cuatro años. Hasta el momento, el nombre que suena con más fuerza es el de la senadora Hillary Clinton para ocuparse del Departamento de Estado. Desde que saltó el rumor, el pasado viernes, ninguna de las partes lo ha negado.
Sin embargo, el gran obstáculo para el nombramiento es determinar si habría algún tipo de conflicto de intereses con las actividades del ex presidente y esposo de la senadora, Bill Clinton.
El antiguo mandatario encabeza en la actualidad una organización que lleva su nombre y que se dedica a la lucha contra la pobreza global, pero que también recoge jugosas donaciones, cuya procedencia Clinton se niega a revelar.
La posibilidad de que Hillary encabece la diplomacia del país ha sido acogida con elogios por parte, incluso, de destacados republicanos, como el ex secretario de Estado Henry Kissinger.
No obstante, algunos representantes del ala más izquierdista demócrata se encuentran molestos ante la idea de incorporar al equipo a quien fue la gran rival del presidente electo en las primarias.
Según declaró el editor de la revista American Prospect, Robert Kuttner, «siempre existe el riesgo de que un miembro del Gobierno vaya por su cuenta, y ese riesgo se ve aumentado por el hecho de que Hillary tiene su propio público y su propia fama, y que llega vinculada a Bill».
Al margen de la formación de la nueva Administración, el presidente electo va dando día a día pinceladas de la que será su política. Tras anunciar el cierre de Guantánamo y la retirada de las tropas de Iraq, ayer prometió conceder prioridad a la lucha contra el calentamiento global del planeta cuando llegue a la Casa Blanca.
Obama, que el lunes se reunió con su adversario en las elecciones, John McCain, en Chicago, aseveró que el cambio climático será una de las prioridades de su Ejecutivo, en una intervención por vídeoconferencia ante una reunión de gobernadores en California sobre ese asunto.
liderazgo ecológico. En su alocución, de unos cuatro minutos, el demócrata sostuvo que «mi presidencia marcará un nuevo capítulo en el liderazgo de EEUU en temas medioambientales». Al repetir sus promesas durante la campaña, el mandatario electo expresó su apoyo a un sistema de limitación y negociación para reducir las emisiones de gases contaminantes.
Su meta es situar en 2020 las emisiones a los niveles que alcanzaban en 1990, y recortarlas en un 80 por ciento para 2050. Asimismo, se propone invertir 15.000 millones de dólares anuales para promover el uso de energías limpias en el sector privado.
«Se lo prometo: cuando sea presidente, cualquier gobernador que quiera promover energías limpias tendrá un aliado en la Casa Blanca. Cualquier empresa que quiera invertir en energías limpias tendrá un aliado en Washington. Y cualquier país que quiera unirse a la causa contra el cambio climático tendrá un aliado en Estados Unidos», declaró.