Obama y McCain se vieron anoche las caras en el segundo debate televisado.
Los candidatos a la Presidencia de Estados Unidos, Barack Obama y John McCain, intensificaron ayer los ataques cruzados, en un momento en el que el demócrata sube cada vez más en las encuestas y el mismo día en el que se enfrentaban a su segundo debate electoral, que tenía previsto celebrarse la pasada madrugada en Nashville, Tennessee.
Obama supera en los más recientes sondeos de opinión nacionales a su rival republicano por seis puntos, según el último estudio de The Wall Street Journal y está tomando ventaja en al menos cinco de los estados bisagra: Indiana, Nuevo Hampshire, Carolina del Norte, Ohio y Wisconsin.
En este ambiente, la campaña de McCain lanzó en Estados Unidos un anuncio televisivo de 30 segundos titulado Hipócrita, en el que acusa a Obama de recurrir a «falsedades» cuando se cuestiona su trayectoria. En respuesta, la del demócrata sacó otro, El tema, en alusión a la economía, en el que destaca que el aspirante republicano está desconectado de la realidad, no tiene ideas ni un plan para la economía y recurre a tácticas engañosas para desprestigiar a su rival. «Mientras los estadounidenses pierden sus empleos, casas y ahorros, es hora de elegir un presidente que cambie la economía, no que cambie de tema», subraya el nuevo spot.
En este contexto, los aspirantes tenían previsto celebrar anoche un nuevo cara a cara en la Universidad Belmont de Nasville, frente a millones de televidentes. Obama y McCain tendrían que contestar durante hora y media a las preguntas del público, que fueron enviadas a través de MySpace a los organizadores del debate.
Para James Lindsay, analista de la Universidad de Texas en Austin, este debate es clave sobre todo para McCain -rezagado en las encuestas-, quien podría sacar ventaja de un formato con el que, en principio, se siente cómodo.
Estaba previsto que McCain continuara atacando a Obama en asuntos como la guerra en Iraq, la política fiscal, la creciente expansión del Gobierno, y sus presuntos vínculos con el militante radical Bill Ayers, que la campaña demócrata ya ha negado.
Los demócratas dejaron claro que, si McCain siguiera por ese derrotero, se toparía con más ataques sobre el escándalo financiero de los años 80 conocido como Keating five, y su rechazo a la regulación de la empresa privada que, a juicio de la oposición, originó el descalabro actual del sistema financiero.
Un nuevo Bush. Después de los dos mandatos republicanos de George W. Bush, que padece niveles de popularidad en torno al 30 por ciento, McCain no lo tiene fácil para llegar a la Casa Blanca, en parte porque está calando el mensaje demócrata de que elegirlo será como tener «un tercer mandato de Bush».
Por ello, el republicano, quien prometió cambiar la cultura política en Washington, intenta convertir las tres semanas que restan de la contienda en un referendo sobre Obama y su capacidad de liderar a Estados Unidos.
El político negro insiste en que McCain continuará con las fallidas políticas económicas del presidente, George W. Bush.
«La gente dice que los detesta, pero los anuncios negativos funcionan porque nos ayudan a distanciarnos del otro bando y es lo que intentan hacer quienes hacen campaña...», declaró Phil Bredesen, gobernador demócrata de Tennessee.
Por su parte, Kristine Lalonde, experta en historia electoral en la Universidad Belmont, manifestó que, «en presencia de votantes de carne y hueso, es más difícil recurrir a ataques, porque la gente les presentará casos reales sobre los problemas del país».