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martes, 22 de mayo de 2012
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Inmigración

Puente Duero, Jalón, Delicias y Parquesol exigen controlar los asentamientos ilegales

Luis Amo - martes, 07 de febrero de 2012

El crudo invierno y la crisis motivan la proliferación de campamentos en antiguos gallineros, un céntrico picadero o edificios abandonados

Las extremas condiciones meteorológicas de las últimas semanas y las consecuencias de la crisis económicas de los últimos tiempos están provocando un incremento de campamentos nómadas en áreas abandonadas de la capital vallisoletana. Las asociaciones vecinales de Parquesol, Las Delicias, Pinar de Jalón o Puente Duero alertan ante una proliferación de ocupas en inmuebles semiderruidos de sus correspondientes barrios. Se trata de una advertencia comunicada con anterioridad al Ayuntamiento de Valladolid, pero con una solución indeterminada aunque lo cierto es que estos asentamientos o ocupaciones ilegales van de la mano con problemas de salubridad, escolarización de menores e incluso marginalidad y delincuencia. La Policía Local controla estos asentamientos e incluso los vigila de una manera discreta para evitar mayores problemas, si bien insisten en la necesidad de contar con la correspondiente denuncia de los propietarios de la edificación o nave para poder intervenir. En este sentido, no obstante, recuerdan sobre la obligatoriedad de tener vallados los solares o parcelas que puedan estar en desuso.

El asentamiento más creciente es el creado en los antiguos gallineros de Hibramer, en la carretera de Viana de Cega, es decir, a las afueras de Puente Duero. Fuentes policiales establece ahora una población de rumanos aproximada de una veintena de personas. Pero lo cierto es que es población nómada. Empezó como un poblado de temporeros y ahora nadie trabaja porque no es época de ninguno de sus dedicaciones más habituales. Pese a todo, el campamento está en continuo crecimiento desde tres años. La radiografía actual del asentamiento es gente deambulando, niños jugando al balón por el entorno y un ambiente bastante insalubre donde los escombros y las basuras van proliferando, al tiempo que asoman las llamas de las hogueras tanto en el interior de las viejas naves como en el exterior. El pinar cercano también está invadido por basuras, mientras que las vallas sirven de tendal de estas cinco familias. Es una auténtica colonización del barrio, aunque de modo ilegal.

El campamento atraviesa ahora sus horas bajas, aunque desde el colectivo vecinal advierten de una llegada masiva con la llegada del buen tiempo. El presidente de la asociación de Puente Duero, Juan Carlos Prieto, lamenta una situación donde le preocupan especialmente los niños que campan por allí a sus anchas. Lo propio también consideran los trabajadores del entorno. Unos y otros, además, inciden en la oleada de robos que prolifera en negocios y en casas de la zona. «No queremos ser mal pensados, pero son muchas casualidades», determinan a la vez que explican que «no causan problemas por el barrio, aunque sí mendigan mucho y están yendo a las fuentes a por agua». Esperan una «pronta» solución y por eso han pedido una entrevista al delegado del Gobierno, Ramiro Ruiz Medrano, e intentar acabar con este gueto.

En el Pinar de Jalón, Las Delicias o Parquesol las incidencias detectadas son más puntuales, «pero no menos importantes». El chalé de Antonio Alfonso, entre Parquesol y Arturo Eyries, es bastante recurrido en estos días de frío. Acuden numerosas personas buscando un techo para pasar mejor las frías noches de invierno. La solución a esta edificación, que pese a estar vallada no es sinónimo de cerrada, no avanza. El equipo de Gobierno está trabajando en la cuestión, pero lo cierto es que la propiedad va en otra línea, por lo que no llegan a un acuerdo. Entre tanto, lleva así varias décadas, muchas marginalidad.

En Pinar de Jalón acaban de llegar, pero los agentes policiales del distrito los tienen controlados pero sin poder actuar al respecto por falta de denuncia. El crudo invierno ha motivado la instalación de una única familia en una de las naves del antiguo Club Hípico Ciudad de Valladolid, en plena confluencia de la carretera de Madrid con la avenida de Zamora. «No molestan a nadie», señalan los trabajadores de varias naves del entorno, «pero ahí están haciendo nadie sabe qué». A las puertas de su nuevo hogar prolifera la chatarra, si bien pasa un tanto desapercibida ante el semiabandono de la zona. Además, al otro lado de la avenida, los ocupas empiezan a abrirse camino en la vieja factoría de Uralita: la señal más evidente de su presencia, además de que campan sin esconderse, según varios vecinos del nuevo barrio, son las continuas hogueras nocturnas en la antigua caseta del guarda.

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