Son los guardianes de las fiestas. Su trabajo constituye uno de los pilares básicos de la ciudad en unos días en los que Valladolid se echa a la calle para disfrutar de la Feria y Fiestas de la Virgen de San Lorenzo. Sin la seguridad que ellos se encargan de reportar, no habría tantas sonrisas paseando por ahí. Sin el lavado de cara que dan a las aceras cada mañana, tampoco. Y si aún así alguien tuerce el rostro, pues entran en escena los servicios sanitarios de emergencia para poner las "tiritas" que hagan falta.
La semana de ferias cuenta con más de 2.000 guardianes. Cada uno en su papel, pero todos ellos unidos para que los nueve días de fiestas sean lo más perfectos posible. El Día de Valladolid estuvo ayer con cinco de ellos. Su objetivo: «Estar cerca del ciudadano y que toda la gente pueda preocuparse sólo de pasárselo bien». Son el inspector de policía nacional Roberto de Jesús; el subinspector Pérez, de la Policía Local; el capataz de Limpieza, Gregorio Zumel; el médico de la Unidad Móvil de Emergencias (UME), José Manuel Acebes; y la coordinadora de preventivos de Cruz Roja, Cristina Miranda.
26 ferias. Son cinco representantes de esos 2.000 guardianes. El que más (Pérez) lleva 26 semanas de ferias de servicio en sus botas: «Quizás lo peor de todo es tener que tratar y tener que resolver intervenciones con personas que confunden la diversión y un día de fiesta con otras cosas y que, a menudo, han abusado del alcohol», apunta.
El que menos -y estas ya son sus sextas fiestas-, es Roberto de Jesús, un inspector de Policía que cree que «lo peor» de tener que trabajar durante estos días es «la gran cantidad de gente que hay en la calle, un hecho que dificulta la movilidad», aunque, tal y como recuerda, este «problemilla» se subsana con las patrullas mixtas establecidas desde hace ya varios años con la Policía Municipal, en virtud de un acuerdo pionero que se firmó entre la Subdelegación del Gobierno y el Ayuntamiento de Valladolid. «Nuestra labor, principalmente, consiste en evitar delitos contra personas y bienes, pero sobre todo el estar cerca de los que disfrutan de esta semana de fiestas», añade De Jesús.
En números redondos, más de un millar de policías, de ambos cuerpos, se encarga de velar por la seguridad durante estos nueve días de ferias. Todos han de estar «operativos» y «en estos días no hay vacaciones ni descansos», puntualiza el subinspector Pérez, de la Policía Municipal. «Aumenta el número de ciudadanos y de vehículos en la calle, que además acuden a los mismos lugares en las mismas franjas horarias , por lo que todos los días es necesario reforzar los servicios ordinarios para así poder cubrir todas estas actividades festivas», señala el propio Pérez.
Alcohol. El resto de guardianes, casi otro millar, se reparte entre Bomberos, Limpieza y Emergencias. Los dos últimos servicios sufren en sus carnes las consecuencias de que algunos se pasen con el consumo de alcohol.
«Hay más trabajo, porque hay más agresiones, más accidentes y, sobre todo, más intoxicaciones etílicas», según destaca el médico de una de las UME que hay de guardia estos días en Valladolid, José Manuel Acebes, con nueve fiestas a sus espaldas dentro de una ambulancia. «Lo peor son las borracheras de la gente, que se pone muy pesada con el alcohol y no se da cuenta de que tu estás trabajando y no de fiesta», añade la coordinadora de los servicios preventivos de Cruz Roja, Cristina Miranda. «Yo ya llevo desde 1995 haciendo fiestas y lo peor que he visto en todo este tiempo ha sido a un chaval de once años con un coma etílico. Esto fue algo que me impresionó bastante».
Calles limpias. Para los 450 funcionarios que trabajan estos días en el Servicio de Limpieza con el único objetivo de que Valladolid tenga el mejor aspecto cada día de ferias, el gran problema es que los botellones que propicia el buen clima están dificultando las tareas habituales de fiestas. «Es algo que va en progresión, el buen tiempo ayuda y al contrario de lo que está sucediendo en la Feria de Día, donde los consumidores sí que colaboran echando la basura a los contenedores habilitados a tal efecto, en los que se han puesto en las zonas de botellones, casi nadie los usa», tal y como explica otro de los veteranos de las fiestas, Gregorio Zumel, un capataz del Área de Limpieza que está cerca de cumplir 30 años de servicio.