El sistema de cunetas drenantes necesita «poca obra» y el uso de unos «sencillos» materiales que, eso sí, requieren una inversión que puede resultar cara, ya que cada kilómetro de cuneta sale a una media de 87.300 euros. En cambio, si el dinero se pone en relación con las estadísticas de accidentalidad, todo parece más barato. Los datos son contundentes, pues en los 18 kilómetros en que se ha actuado en la provincia vallisoletana (A-6, N-610 y N-601) la siniestralidad ha caído, de los 36 accidentes que se registraron antes de la obra de Fomento, a los dos registrados con las cunetas drenantes.
Estas márgenes «benignas», tal y como las denominan los propios precursores, se consiguen con un proceso «bastante fácil». Se basa en la instalación en el fondo de la cuneta, previamente allanado y cubierto con geotextil, de unos módulos perforados fabricados ex proceso, con los que se garantiza su capacidad hidráulica. Después, se rellena con abundante grava, puesto que se necesita cerca de 2.000 metros cúbicos de piedras (equivalente prácticamente a una piscina olímpica) por cada uno de los kilómetros que se convierten.
Por último, se allana el terreno y se da por terminada la obra. El único mantenimiento que tiene es reperfilar las zonas y rellenar con grava, cuando es necesario.