Alrededor de 20.000 personas se acercaron a la campilla ardiente para dar su último adiós al "cazador amigo de la naturaleza", durante la jornada de ayer y en la hora larga que hoy permaneció abierta al público. Las coronas de cariño siguieron llegando al salón de recepciones de la Casa Consistorial que cerró sus puertas pasadas las 11.30 horas, para permitir al último vallisoletano dar su último adiós a Miguel Delibes, que falleció ayer, 12 de marzo, a los 89 años de edad.
Junto a las grandes coronas procedentes desde infinidad de rincones – desde la Casa Real, hasta del Real Madrid, consejerías de la Junta, del presidente nacional del PP, colectivos culturales, sociales y de caza-, se dejaban ver otras más sencillas, impregnadas de cariño, como un haz de espigas junto al que rezaba: "Gracias en nombre de la gente del campo", y otras que hacían un guiño al escritor: "Y volará al cielo, con una bandada de milanos y allí el Zarías le tendrá reservado un lugar preferente, seguro, seguro".
Aunque la mayor parte de los últimos que quisieron despedirse del novelista fueron rostros anónimos, familiares y amigos, también se dejaron ver algunas caras conocidas, como la de la vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, quien, acompañada por la ministra de la ministra de Cultura, Ángeles González Sinde, expresó, en nombre del Gobierno y de "muchos ciudadanos" españoles las condolencias, afecto y solidaridad a la familia de Miguel Delibes.
Precisamente, De la Vega fue una de las últimas en visitar la capilla ardiente del escritor, donde desde primera hora se congregaron los hijos, nietos y familiares, junto a la corporación municipal y representantes de las administraciones locales, regionales y del Estado. Entre los rezagados, también María Fernanda D"Ocon, actriz principal de la adaptación teatral de "La hoja roja", que se estrenó precisamente en Valladolid, el 6 de septiembre de 1986. D´Ocon, visiblemente emocionada, "su pequeña Desi" como el propio Delibes la llamaba, depositó frente al féretro dos rosas rojas, una de la criada Desi y otra del Viejo don Eloy, papel que interpretara Narciso Ibáñez Menta.
A lo largo de la mañana, también se acercó a rendirle su último homenaje un Antonio Colinas emocionado, quien, afirmó que Delibes no necesitaba un Nobel, porque hoy, que parece que está "desmontado", poco hubiera aportado a una obra como la suya, a "su obra importante y a su persona, a su caridad humana y ética".
Pasadas las 11.30 horas, se cerraron las puertas del salón de recepciones de la Casa Consistorial, para dejar unos minutos de intimidad a la familia. Acto seguido, los nietos del escritor volvieron a portar el cuerpo a hombros del novelista, como ya lo hicieran ayer, hasta la plaza Mayor, donde esperaba el coche fúnebre y miles de ciudadanos que a pie de calle y subidos sobre las gradas preparadas para la Semana Santa se unieron en un sonoro y cálido aplauso de despedida. "Adiós maestro", gritó uno, y ya en silencio sus nietos, visiblemente emocionados por la muestras de cariño, se fundieron en un abrazo en nombre de su abuelo, al que no le gustaban las multitudes pero al que, seguro, hoy le hubiera gustado comprobar el respeto de una ciudad que le quiere y a la que ahora le queda recordarle a través de sus obras.