La mayoría de los condenados en la 'operación Nova' han quedado absueltos por el Tribunal Supremo
La psicosis generada por los atentados del 11-S y el 11-M y la subsiguiente necesidad de tranquilizar a la opinión pública mediante detenciones que a menudo son casi preventivas y puramente cosméticas no afecta solo a EEUUy su base de Guantánamo. España también debe entonar un sincero mea culpa, puesto que la gran parte de las redadas contra el islamismo, publicitadas a bombo y platillo por el Gobierno, no han sido sino meros ejercicios de propaganda, sin apenas respaldo legal y que han terminado con la inmensa mayoría de los acusados en la calle y sin cargos.
Al margen del clamoroso proceso por la masacre de Madrid, que se saldó sin aclarar siquiera la autoría intelectual, uno de los mejores ejemplos de la arbitrariedad reinante lo dio ayer el Tribunal Supremo, que tiró por tierra la sentencia de la Audiencia Nacional que condenaba a 20 terroristas islamistas por preparar un supuesto atentado contra este mismo órgano judicial, en la conocida como operación Nova. Como resultado, 14 de los acusados han quedado finalmente absueltos por la falta o inconsistencia de las pruebas contra ellos.
La famosa redada, que se inició en 2005 y se publicitó como un enorme éxito de las Fuerzas de Seguridad, ha quedado en casi nada, puesto que comenzó con 30 acusados, para quienes la Fiscalía solicitaba nada menos que 455 años de cárcel, y se ha saldado con apenas cuatro condenas menores.
El primer varapalo llegó en el propio juicio celebrado en la propia Audiencia, que solo sentenció a 20 implicados a penas que oscilaban entre los cinco y los 14 años de cárcel por integración y colaboración con organización terrorista, sin que siquiera pudiese demostrarse la veracidad de sus planes para volar la sede judicial.
falsificación. Entonces la reducción de penas fue considerable, pero en ningún modo comparable a la llevada a cabo por el Supremo, que ha absuelto del delito de pertenencia a organización terrorista a 15 procesados (aunque a uno de ellos le deja en prisión por falsificación).
La Sala ha aplicado la doctrina que establecía en la sentencia del 11-M, que recoge que una persona no puede ser condenada como terrorista islamista si no ha cometido un atentado o si los planes para el ataque no estaban desarrollados.
Aun así, la Sala mantiene los 14 años de cárcel para el líder de la célula, Abderramán Tahiri, conocido como Mohamed Achraf, como promotor y director de banda armada -y en principio único ideador y responsable de los planes para dinamitar la Audiencia Nacional-. También mantiene 10 años de reclusión a Saif Afif; nueve a Mourad Yala; siete a Kamara Birahima y cinco a Ziani Mahdi.
Todo se reduce a unas cartas. A nadie puede extrañar que el Supremo se haya visto obligado a desdeñar casi en su totalidad las acusaciones por un supuesto plan islamista para volar la sede madrileña de la Audiencia Nacional. De hecho, durante el juicio que tuvo lugar precisamente en dicho organismo hace un año, apenas se habló de la mencionada conspiración, de la que no había prueba alguna, sino que todo se centró en intentar demostrar la labor de Mohamed Achraf, el cerebro de la trama, como organizador de células yihadistas en las cárceles de España. Las sesiones de la vista se centraron de hecho en las supuestas cartas que se remitieron los acusados entre sí cuando estaban en prisión -la mayoría de ellos pasó por el penal salmantino de Topas entre 2001 y 2002-, en las que se vertían ideas radicales a favor de la guerra santa.
Por ejemplo, en una de las misivas, Achraf le dice a su supuesto hombre de confianza, Said Afif: «Te doy una buena noticia, y es que he formado un grupo de buenos hermanos que están dispuestos a morir en cualquier momento por la causa de Dios. Solo falta que salgan y nosotros también. Hombres tenemos, armas también y tú estarás con nosotros». Valga también como muestra el escrito que otro de los acusados, Baanou Abdulah dirigía Abdelkrim Bensmail: «Espero encontrarnos en una de las trincheras preparadas para la yihad y que seamos mártires».