Vengo a ganar todo lo que pueda. Si no me volveré a casa». Así hablaba Hervé Touré en su presentación como jugador del Blancos de Rueda allá por el mes de septiembre. La Liga no había comenzado y el pívot francés era una de las apuestas de los morados para la presente campaña.
Siete jornadas le bastaron para demostrar que su juego era espectacular en ataque, aunque con ciertas lagunas; y que en defensa iba a pasarlo mal por su facilidad para que le pitasen faltas.
Precisamente en la séptima jornada, con el triunfo del Blancos de Rueda ante el Joventut, alcanzó su cenit en España, siendo MVP con sus 24 puntos, 6 rebotes y 32 de valoración.
Ahí, Touré dejó de ser ese pívot que salía cada dos por tres en las mejores jugadas de la ACB para empezar a comandar la nave morada en pos de la salvación.
Pero ese Touré no ha vuelto a aparecer, aunque sigue siendo indiscutible en el cinco inicial (ha salido en él en las 19 jornadas); aunque es el segundo más valorado del equipo (tras Robinson) y el tercero que más puntos promedia (tras el norteamericano y Diego García).
De las últimas tres jornadas se ha quedado en dos en blanco (sin anotar), no trasmite agresividad e incluso apenas mira el aro -es habitual verle lanzar más de 3 que de 2 puntos-.
La pasada semana su nombre salió a la luz pública como uno de los que habría amenazado con abandonar el Blancos de Rueda ante la situación que se vive en el club -con impagos reconocidos y una posición deportiva complicada-. En el club aseguran que no es cierto, aunque a Touré le pasa algo. No es ni por asomo el mismo que llegó en septiembre.