Decía Onésimo ayer en estas mismas páginas que sería un error empezar a pensar en finales cuando quedan 17 jornadas por delante para llegar al final del campeonato. Ahora bien, si el encuentro ante el Zaragoza del domingo (17.00 horas) no es una final, se le parece bastante.
Las circunstancias han querido que la primera semana de los vallisoletanos en los puestos de descenso de categoría presente un enfrentamiento ante un rival directo en la lucha por la permanencia. Para colmo, ese equipo es el que le precede en la clasificación y los dos puntos que hay entre ambos pueden recuperarse de manera inmediata o, por el contrario, convertirse en un abismo de cinco si las cosas vienen mal dadas.
Es decir, por mucho que se intente decir lo contrario y guste o no, el choque ante el Zaragoza es una final que el Real Valladolid no debe desperdiciar si no quiere sufrir una estocada en su moral casi definitiva.
Eso sí, esta situación no es nueva para los vallisoletanos y la casualidad ha hecho que se repita la historia de la última vez que se estuvo en puestos de descenso, en la temporada 2007/2008 y tras empatar ante el FC Barcelona en el Estadio José Zorrilla.
En aquella ocasión, el Real Valladolid también se encontró en el camino con el Real Zaragoza, aunque el partido se disputó en el Estadio de La Romareda, y el equipo castellano fue capaz de sacar adelante el encuentro para lograr una victoria (2-3) que serviría de revulsivo para lograr la salvación.
Dos tantos de un espectacular Víctor y un golazo de Álvaro Rubio permitieron que los vallisoletanos recuperaran la confianza y afrontaran el futuro con optimismo en la temporada del regreso a la máxima categoría, logrando un efecto que se intentará repetir este fin de semana.
Ahora sólo falta encontrar en la actual plantilla al futbolista que tire de galones para conducir a sus compañeros a la victoria.
Bueno, eso de que el Valladolid supo ganar una final contra el Zaragoza hace dos años... Nos libramos por los pelos y gracias al árbitro, que si no habríamos sido nosotros los que nos habríamos ido al pozo con aquel gol que les anularon en el descuento: dos puntos de más que sacamos y uno que les quitamos a ellos. Si no es por eso, a saber dónde estaríamos ahora.