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Deportes
Gimnasia rítmica

La olímpica Ana Pelaz se retira

Óscar Álvarez - viernes, 16 de octubre de 2009
Siete años en la elite de la gimnasia rítmica. Ana María Pelaz Mota, en la selección desde 2002, participó en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008

La gimnasia rítmica es su pasión, y lo seguirá siendo aunque ahora verá las competiciones desde casa. La lagunera Ana María Pelaz Mota, con 22 años recién cumplidos, deja la elite de su exigente deporte, en el que comenzó siendo muy niña. Abandona la selección nacional tras siete años de vida y entrenamientos de hasta diez horas diarias en Madrid, en la residencia de la Federación Española de Gimnasia. Las molestias durante el último año por una lesión de tobillo la han llevado a dejar, por voluntad propia, un combinado nacional que, en los últimos meses, capitaneaba y en el que era la más veterana.

La decisión no ha sido fácil. «Da un poco de miedo dejarlo tras estar haciendo lo mismo desde los seis años, y los siete últimos años a alto nivel, cuesta dar este paso», aseguraba ayer esta lagunera, una de las pocas vallisoletanas olímpicas que participó en Pekín 2008. Pese a su juventud, era consciente que la carrera deportiva de una gimnasta es muy breve, y según reconoce «cuando vas siendo más mayor te planteas que ya llevas muchos años».

Tras los juegos, sólo quedaba Ana María Pelaz del grupo que hasta entonces dirigió la bielorrusa Anna Baranova y que desde hace un año tiene a la búlgara Efrossina Angelova como seleccionadora. La gimnasta vallisoletana pidió seguir a pesar de que sus compañeras de conjuntos, la disciplina en la que ha destacado, decidían dejarlo o sufrían lesiones que las impedían continuar al máximo nivel. Ella siguió, se adaptó a la férrea disciplina de la búlgara y dio un paso al frente para unir al grupo en el que se incorporaron las jovencísimas Isabel Pagán, Loreto Achaerandio, Sandra Aguilar, Lidia Redondo, Alejandra Quereda y Sara Garvín. Con ellas consiguió la plata en la final de cuerdas y cintas de la Copa del Mundo disputada en abril de este año en Portimao (Portugal), y un meritorio sexto puesto en el concurso completo del Mundial de Mie (Japón). Esta cita internacional, celebrada en septiembre, ha sido su última competición internacional.

Tras participar en unos Juegos Olímpicos, dos Mundiales, tres Europeos, dos finales de la Copa del Mundo, varias clasificatorias e innumerables torneos internacionales, Ana María ha vuelto a casa. Seguirá vinculada a la gimnasia rítmica, entrenando a las niñas que ahora empiezan y que, quién sabe, quizás tomen su relevo en próximas citas olímpicas.

«Los Juegos Olímpicos fueron agridulces»

Sonriente, en su casa familiar de Laguna de Duero desde el domingo y con un montón de maletas aún sin deshacer, Ana María Pelaz está adaptándose ahora a vivir alejada del rigor de la gimnasia rítmica de elite.

¿Por qué ha decidido dejar la selección nacional?

Son muchos años ya y creo que era el momento de la retirada. Llevo todo el año arrastrando una lesión en el pie, me ha costado entrenarme, y por eso he decidido retirarme.

Si no hubiera sido por la lesión, ¿cree que hubiera continuado mucho más tiempo?

No lo sé, a lo mejor lo hubiera enfocado diferente. Si no hubiera tenido el año duro que he tenido quizás si me hubiera planteado seguir un año más. La verdad es que cuando vas siendo más mayor te planteas que ya llevas muchos años. La carrera en este deporte es más corta que en otros, y aunque Almudena [Cid] ya demostró que con 28 años se puede estar ahí, en conjuntos no es igual que en individual porque tienes hacer lo mismo que las demás y a la vez.

¿Qué es lo que más le ha costado abandonar?

A mis compañeras. Ahora eran más pequeñas que yo, las sacaba cinco años, pero se termina queriendo a todo el mundo. Son muchas horas las que pasamos juntas, al final terminamos siendo como hermanas.

¿Con qué momentos se queda de estos siete años?

Con los Juegos Olímpicos. Era un sueño. Cuando vi a la Selección en Atlanta 96 me dije: yo quiero ser como ellas.

¿Y su peor recuerdo?

También los Juegos Olímpicos, por el fallo que tuvimos por el que nos quedamos fuera de la final. Ha sido agridulce la olimpiada, nos quedamos con mal sabor de boca porque queríamos pasar a la final y no lo conseguimos. Hay gente que dice que no existe la mala suerte, pero nosotras la tuvimos en ese fallo en el ejercicio de aros y mazas, error que no habíamos tenido nunca hasta ese momento en el que los aros salieron en otra dirección.

¿Qué le ha aportado la gimnasia rítmica?

Sobre todo madurez. No sólo porque dejas tu casa, también por la disciplina que implica.

¿Se arrepiente de haber perdido tu juventud por tu dedicación a la gimnasia rítmica?

No. Los siete años que he estado en Madrid he vivido cosas que la gente normal, con mi edad, no puede vivir. He participado en una olimpiada, he viajado muchísimo, y hay muchos que no tienen esa oportunidad. Ahora puedo empezar a salir con mis amigos, hay tiempo para todo.

¿Ha echado algo de menos estos durante este tiempo?

Tu casa, el cariño de la familia, porque no es lo mismo hablar por teléfono que llegar a casa y ver a tu madre o a tu hermano. También se echa de menos a los amigos, porque allí tienes a tus "hermanas", pero los amigos de toda la vida los tienes aquí.

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