La persona está al servicio del grupo y el grupo al servicio de la persona». Esta especie de todos para uno y uno para todos que inmortalizó Alejandro Dumas es el Padre nuestro de Alberto Bueno, uno de los once jugadores nuevos que acaban de ingresar en la comuna blanquivioleta.
Compatibiliza sus estudios universitarios de INEF con la exigencia que conlleva ser deportista profesional. La afición del Real Valladolid tiene muchas esperanzas depositadas en un futbolista que inspira amabiliad, educación y buen rollo. «Estoy muy agradecido por el recibimiento de todo el vestuario, son personas muy cercanas y amables que te ayudan diariamente para que estés a gusto. También estoy lleno de satisfacción y orgulloso por la acogida que me dio en Zorrilla la afición cuando fui presentado. Tienes un trabajo que hace feliz a mucha gente, les animo a que vengan al estadio a vernos, seguro que las cosas van bien», señalaba a través de la web del Real Valladolid.
Bueno habla siempre en primera persona del plural quizá porque la humildad se da la mano con su juventud. «Todos tenemos que trabajar individualmente para conseguir el objetivo del Club, que es la permanencia. Somos gente joven, muchos jugadores nuevos, y estamos trabajando bien. Ya veremos cuál es nuestro techo», puntualizó desde el retiro espiritual que ofrece la quietud de Ashby de la Zouch.
El suyo es una incógnita, por eso da la espalda a las cifras, que no al deseo. «No me he marcado una cifra de goles, me he marcado como objetivo ser importante para el equipo, tener minutos, adquirir experiencia. Eso me permitirá hacer goles, dar asistencias y ayudar al equipo», asume.
Mendilibar también tiene sus máximas. Una de ellas es que son los entrenamientos los que reparten los dorsales de titular. Bueno, va por el camino correcto. «El primer día Mendi nos transmitió su método y nos explicó que para él el entrenamiento es sagrado. Hay que trabajar al máximo cada día para luego tener minutos, de esa manera el técnico consigue tenernos a todos activados y contentos», concluyó.