Tras muchos años al frente del equipo juvenil de División de Honor, Paco de la Fuente se encontró la pasada temporada al frente del Real Valladolid B en el peor momento posible. Una plantilla inexperta y completamente nueva unida a una de las campañas más duras en Segunda B, provocaron que el filial entrara en barrena y su técnico fuera destituido.
Para colmo, en la reestructuración que ha sufrido la dirección deportiva, De la Fuente se quedó sin funciones y con un pie y medio fuera del Estadio José Zorrilla. De hecho, él mismo reconoció ayer que puso su continuidad a disposición del club: «Me quedaba un año más de contrato y lo primero que le dije al presidente es que si ellos entendían que no debía continuar en el club que me lo dijeran y que no había ningún problema, que rompíamos el contrato, nos dábamos la mano y fuera».
Sin embargo, la puesta en marcha del proyecto del equipo femenino le volvió a abrir las puertas del banquillo aunque, como él mismo asume, «en un principio» y cuando se lo plantearon, «no estaba muy convencido del tema».
«Llegué a tener mis dudas de que en el club pretendieran que continuase. Lo que pasa es que después estuve hablando con el presidente un par de veces y me dejó ver que no era un tema del área deportiva, sino que había sido él personalmente el que había decidido que ese equipo debiera cogerlo yo. Para mí no es evidentemente lo que me esperaba, pero yo lo afronto como una experiencia más, como un proyecto por el que el club y el presidente han apostado muy fuerte y voy a intentar hacerlo lo mejor posible», dijo.
Ahora, una vez asumida la responsabilidad, Paco de la Fuente tiene un objetivo en la cabeza: «Hacerlo lo mejor posible, intentar que el fútbol femenino coja fuerza a nivel local y que las chicas de Castilla y León se fijen en Valladolid como referente para jugar aquí. Hay que hacer una base sólida y tengo que seguir demostrando que el club puede confiar en mí en cualquier faceta».
«El hecho de coger al Promesas me ha podido perjudicar». Paco de la Fuente fue destituido de su cargo al frente del Real Valladolid B el pasado 3 de febrero. Cinco meses después, el técnico reconoce que su carrera se ha podido ver perjudicada por asumir la responsabilidad de una plantilla muy debilitada, aunque también destaca el triunfo que supone haber cambiado la dirección de los jugadores que forman el filial.
«El año pasado fue muy duro. La verdad es que hubo un momento en el que me planteé no coger al equipo, porque lo iba a hacer en unas condiciones francamente malas, sin plantilla, muy tarde, todo muy verde; pero si estás en el club y no vamos a hacer algo que a lo mejor en mi caso me ha podido perjudicar, había que hacerse cargo. El presidente me dijo que lo cogiera y lo hice, se empezó con la plantilla que se empezó, pero creo que lo primero que les dije al presidente y a Roberto Olabe, que había que dar una vuelta al perfil del jugador del filial, eso se ha conseguido. Para mí, como entrenador de la cantera, era muy importante que los chicos que estaban llegando desde el cadete o el juvenil no tuvieran un tapón con jugadores de 24 años que les impedía llegar», afirmó.