Grunfeld, en un partido de esta temporada.
El destino no suele dar segundas oportunidades, pero con el CB Valladolid ha hecho una excepción. Se lo ha ganado, por historia le debía una. Ahora le toca al equipo de Fisac. Su situación es inmejorable, pero cargada de responsabilidad. Porque este club tiene un pasado y quiere volver a soñar con un futuro rosa, y donde le corresponde.
No hay que mirar atrás. Ni ver quién presiona. El conjunto morado lo tiene todo de cara, porque es el único que no depende de nadie. Cuatro partidos para limpiar un expediente inmaculado, aunque luego los euros puedan decir otra cosa. Y el Cáceres, rival de los morados (21.00 horas, Pabellón Multiusos Ciudad de Cáceres) no es Melilla. Además, el cuerpo tiene memoria y no sería bueno tropezar dos veces seguidas en la misma piedra.
Fisac lo tiene claro. Se ha despojado de su disfraz de prudente y mira el ascenso cara a cara. «Sin miedo, aunque con respeto». Sabe cuál es el camino y aquí lo difícil es dar el primer paso. La victoria sí o sí, con respeto, también, pero no hay otra opción.
El conjunto extremeño pone sobre el parqué honra y ambición. Se juega el play-off, una especie de ruleta rusa donde los últimos en entrar pueden ser los primeros en subir. Allí no se mirará el DNI, sino el instinto. Calca sus números (15-15) lo que viene a dar una pista de irregularidad. Además parece una cancha ‘pseudo-chollo’ para los grandes. Alicante, Melilla y Tenerife Rural han ganado en tierra de conquistadores.
Fisac se lleva a toda la plantilla y miles de deseos. El único jugador que tenía ciertos problemas físicos, Dan Grunfeld, ha superado sus molestias en la rodilla derecha y está en condiciones de aportar.
Y es de eso de lo que se trata. De sumar y ganar. De acertar con el portaaviones enemigo y hundirlo. De causar pavor en los contrarios. De ser el mejor. Y este club sabe jugar a los barcos. Lo hizo durante 25 años seguidos.