Vamos a hablar de números. Será sólo un momento, no se preocupen. Es verdad que al final las estadísticas son más frías que este invierno, pero un dato: el Real Valladolid está a cinco victorias, tirando por lo alto, de la salvación. Y estamos en febrero. Lo dejo ahí.
El ciclo que atraviesa ahora el equipo es el que le corresponde. Por su honestidad, por su juego, por justicia, porque sí. Es como las marcas blancas de los supermercados: económicos, sí, de calidad, en este caso también. Porque es difícil mantener la intensidad 38 jornadas. Porque perder es de humanos y modestos. Al final la barrera que separa una victoria de una derrota es efímera, incomprensible, como fueron los cinco latigazos que se han curado con saliva.
Ahora, el viento va a favor. Cuesta menos... no, siguen sudando, pero hay más eficacia o menos ansiedad, que al final viene a ser lo mismo. El Real Valladolid fue mejor que el Athletic ayer. Le ganó en todo: en colocación, en actitud, en calidad y en goles. La ‘gaviota’ voló dos veces y apagó el rugido de los vizcaínos. Siendo Víctor el protagonista del partido -está a dos goles de igualar a Peternac como máximo anotador de la historia en Primera División- no hay que olvidarse de Borja. El gallego se cargó el centro del campo rival, asistió, ayudó... un auténtico chollo. Herido muerde, y el blanquivioleta lleva muchas lágrimas derramadas. Pero tampoco sería justo olvidarse de otro jugador: Pedro López. Lo del valenciano es espectacular. No voy a decir que juega medio cojo, pero sí lastrado. Da lo mismo, ni Susaeta, ni Yeste, ni Vélez pudieron con él. Vaya pesadilla.
Pero el partido de ayer se ganó con más que esos tres jugadores. Se ganó por la generosidad del equipo, que estuvo atento a las ayudas y volvió a tirar la presión como si fuera una red de arrastre.
Salvo los diez primeros minutos, con Fernando Llorente como protagonista, el Real Valladolid fue superior. El equipo volvió a llegar, sobre todo por la banda derecha y con un Víctor sobresaliente entre líneas. El extremeño quizá haya perdido velocidad, normal, pero tiene tanta calidad que cuando juega maravilla.
Un pase suyo sirvió para que Sesma se internara en el área y cayera ante la salida desesperada de Iraizoz. Paradas Romero -no dio una- pitó penalti y Víctor sumó un gol que le emparejaba con Jorge Alonso. Pero fue momentáneo.
El gol hizo daño al Athletic. Más cuando una jugada de tiralíneas que inició Borja con un pase inteligente, que dividió a la zaga rojiblanca dando superioridad al ataque blanquivioleta, que recogió Sesma y finalizó Víctor. El extremeño sumaba su gol 51 en Primera (88 ya con la camiseta blanquivioleta) y se queda a dos del que fuera su socio Peternac.
El partido se había roto. Solo un milagro podía meter en el partido al Athletic. Un milagro o Paradas Romero que, por aquello de la conciencia, compensó a los de Caparrós con un penalti de Nano que algún día nos explicará. Llorente falló, pero Orbaiz rebañó el balón que golpeó el poste para apretar el partido.
No hubo susto, porque el equipo tiene memoria. El Athletic siguió con su recurso del fútbol directo para encerrar al Real Valladolid en su área gracias a que el colegiado -que no quiso ver un agarrón de Bea sobre Vélez- abrasó a faltas a los de Mendilibar.
Los últimos minutos fueron de angustia contenida. Vélez no llegó por centímetros a una dejada de Llorente, pero Iraizoz hizo más de lo que era posible por que la herida no fuera más profunda. Dos intervenciones suyas a disparos de Goitom y Pedro León dejaron el resultado final como estaba desde el minuto 63.
Invictos en lo que va de segunda vuelta, el Real Valladolid viaja a Almería el próximo domingo. Pero eso será dentro de siete días. Ahora vamos a seguir soñando con un equipo de humildes que mira a los ojos de cualquiera.